Cada 28 de noviembre, Panamá conmemora uno de los momentos más trascendentales de su historia: la proclamación de su independencia del dominio español en 1821. Esta fecha simboliza el cierre de más de tres siglos de subordinación colonial y el nacimiento de una nación que, movida por el deseo de autodeterminación, decidió tomar su propio rumbo político y social.


El fin de una larga etapa colonial
La independencia panameña fue el resultado de un proceso gradual de conciencia colectiva. Durante 320 años, el Istmo estuvo sometido a las decisiones de la monarquía española, situación que generó un creciente malestar entre sus habitantes. Las limitaciones económicas, los abusos de las autoridades coloniales y la exclusión de los criollos de los cargos de poder fueron erosionando la lealtad al imperio.
Al mismo tiempo, las ideas ilustradas y los movimientos revolucionarios que se expandían por Europa y América comenzaron a influir en la población istmeña, despertando un sentimiento de cambio que ya no podía ser contenido.


Factores que impulsaron el movimiento emancipador
Entre las causas más relevantes que precipitaron la ruptura con España destacan:
• La crisis económica provocada por las estrictas restricciones comerciales impuestas por la corona, que afectaron gravemente el rol estratégico y mercantil de Panamá.
• La desaparición progresiva de la Feria de Portobelo, que debilitó el tránsito comercial y provocó el declive de importantes centros económicos.
• La influencia de la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas, que debilitaron a España y demostraron que era posible desafiar a las monarquías absolutas.
Estos elementos fueron sembrando en el pueblo panameño la convicción de que la independencia no solo era necesaria, sino inevitable.


La chispa libertaria y sus protagonistas
El espíritu independentista también se vio fortalecido por figuras y movimientos que surgieron en toda América Latina. Líderes como Simón Bolívar, José de San Martín y Francisco de Miranda promovieron ideales de libertad y soberanía que inspiraron a las poblaciones sometidas.
En Panamá, el impulso inicial se manifestó con fuerza en la Villa de Los Santos, donde el pueblo, guiado por líderes locales, dio un paso decisivo hacia la emancipación.
Rufina Alfaro y el arrojo del pueblo santeño
Rufina Alfaro se convirtió en un símbolo del valor popular. Con astucia y determinación, logró acceder al cuartel de los soldados españoles y confirmar su falta de preparación, información clave para que los patriotas tomaran el control sin una resistencia significativa. Así, el 10 de noviembre de 1821 se encendió la primera llama de la independencia en el Istmo.


28 de noviembre de 1821: la proclamación definitiva
Días después, en la ciudad de Panamá, se reunió una junta integrada por autoridades civiles, militares y eclesiásticas en el actual Parque Independencia, en el corregimiento de San Felipe. Tras deliberar sobre la situación política y social del territorio, se proclamó oficialmente al Istmo como libre e independiente de la Corona Española.
Este acto histórico fue respaldado por importantes figuras del clero, como el arzobispo Fray José Ignacio Durán y los presbíteros Juan José Martínez y Manuel José Calvo, quienes firmaron el Acta de Independencia como muestra de su compromiso patriótico.
José Fábrega: una decisión valiente
Mención especial merece el coronel José Fábrega, quien, a pesar de ser representante directo del rey, decidió apoyar el movimiento independentista. Su postura fue crucial para garantizar una transición pacífica y organizada hacia la libertad.
Un legado que vive en la identidad nacional
El 28 de noviembre no solo recuerda un hecho histórico, sino que reafirma el espíritu valiente y decidido del pueblo panameño. Es un día para honrar a quienes, con coraje y visión, forjaron el camino hacia una Panamá soberana, consciente de su historia y orgullosa de su identidad.


28 de noviembre: Cuando el Istmo decidió ser libre