El 10 de noviembre ocupa un lugar especial en el corazón de los panameños. Ese día, en 1821, los habitantes de La Villa de Los Santos se levantaron con valor para proclamar el Primer Grito de Independencia del dominio español, un acontecimiento que marcó el inicio del camino hacia la libertad del Istmo.
La chispa que encendió el espíritu libertario
A comienzos del siglo XIX, el sentimiento independentista recorría toda América Latina. En Panamá, ese anhelo se hizo voz en la región de Azuero, donde hombres y mujeres cansados del yugo colonial decidieron alzar su palabra en nombre de la soberanía.
La historia oral recuerda con especial admiración a Rufina Alfaro, joven santeña que habría inspirado al pueblo a levantarse pacíficamente contra las autoridades españolas. Su figura, entre la leyenda y la realidad, se ha convertido en símbolo del coraje y la determinación de la mujer panameña.
De La Villa al resto del país: el inicio del cambio
El grito santeño no fue un hecho aislado, sino la semilla que germinó en todo el territorio. Las noticias de la rebelión se difundieron rápidamente, motivando a otras provincias a seguir el ejemplo. Dieciocho días más tarde, el 28 de noviembre de 1821, Panamá declararía oficialmente su independencia del Reino de España.
El gesto de los santeños fue un acto de esperanza y autodeterminación, que abrió las puertas a una nueva etapa en la historia nacional: la de un pueblo decidido a gobernarse por sí mismo.
Tradición, cultura y orgullo nacional
Cada año, el país entero revive este episodio con desfiles, actos protocolares y celebraciones folklóricas. En La Villa de Los Santos, epicentro de la gesta, la festividad adquiere un brillo especial: las calles se llenan de música típica, el repicar de los tambores, polleras coloridas y el ondear de la bandera nacional.
Estudiantes, autoridades y comunidades se unen para rendir homenaje a los valores patrios, demostrando que el espíritu de libertad sigue más vivo que nunca.
Más que historia: un legado de identidad
El 10 de noviembre no es solo una fecha en el calendario, sino una herencia de valentía que continúa inspirando a Panamá. Representa la voz de un pueblo que se negó a vivir bajo opresión y que creyó en su derecho a la libertad.
Recordar el Primer Grito de Independencia es reafirmar el compromiso de las nuevas generaciones con la justicia, la unidad y la soberanía.
Porque aquel grito, lanzado hace más de dos siglos, aún resuena como símbolo del orgullo panameño y de la fuerza de un país que aprendió a forjar su propio destino.

